La Chaya: Cultura y tradición.

Para alguien que no conoce el festival y que visita por primera vez esta fiesta multitudinaria de La Rioja es posible que todo parezca como una gran celebración y nada más que eso, sin embargo, lo que caracteriza al festival de la Chaya y lo diferencia de otros es la espiritualidad, los años de tradición y toda la cultura diaguita que se exalta en cada uno de los eventos.

Desde hace años

Los riojanos no “crearon” esta festividad por querer tener días de celebración; esta fiesta fue heredada y existe desde los diaguitas, quienes habitaron dichas tierras hace muchos años. El festival se ha modernizado desde entonces, pero eso no significa que la esencia de este haya cambiado. La fiesta chayera es un símbolo de tierras fértiles, vida, salud y agradecimiento a la Madre Tierra por proveer lo necesario para su gente.

Pujllay, el famoso príncipe de la leyenda diaguita, es el protagonista, y Chaya, su hermosa indiecita, es la homenajeada. Lo hermoso de esto es que, más allá de la leyenda, la palabra “Chaya” significa agua, rocío o mojar, mientras que “Pujllay” significa jugar, divertirse o alegrarse. De allí viene la famosa guerra de agua que trae diversión a todos los visitantes del festival; sin embargo, en cada risa y cada rocío de agua se guarda un significado mayor. El agua representa la vida, la harina sirve como representación de la cosecha, y juntos hacen que se disfrute la vida, la tierra y las tradiciones de un pueblo milenario.

La harina, además de su significado, sirve como “camuflaje” para los visitantes del festival y esto también tiene una connotación realmente importante. Bajo la lluvia de harina no existen razas, nacionalidades o clases sociales, pues todos se convierten en chayeros y en parte de la cultura riojana.

Por esa razón, la Chaya, más que un simple festival, es una celebración de la vida, la humanidad, la tierra y las bendiciones.